domingo, 2 de noviembre de 2014

Condenados al ostracismo

En la antigua Grecia, en el año 510 a.C. Clístenes decretó la Ley del Ostracismo para luchar contra la tiranía; si bien no se puso en práctica hasta el 487 a.C. El primer condenado al ostracismo fue el político Hiparco y el último el demagogo Hipérbolo (417 a.C.). Cada año se reunía la asamblea en Atenas y tras una serie de votaciones, se decidía —o no— desterrar a una persona por el bien común durante diez años. La persona desterrada tenía diez días para abandonar la ciudad. En resumen la condena al ostracismo era un mecanismo de autodefensa popular, un voto de confianza política.

Es una idea fantástica. Lástima que se haya dejado de emplear. ¿Se imaginan tal arma de destrucción masiva en nuestros días? Lo malo sería que tendríamos que realizar una asamblea no anual, ni siquiera mensual... yo diría que incluso diaria. En España, en el siglo XXI cada día nos sorprendemos con nuevos casos de corrupción. Cada mañana hay un nuevo imputado, un nuevo político corrupto, un nuevo sinvergüenza. Y lo que es más preocupante. Afecta a todos los partidos, y como muestra un botón: Operación Púnica, Tarjetas opacas, Bárcenas, Pujol, el pequeño Nicolás, Nóos, EREs falsos, Gürtel, Operación Malaya... la lista es infinita. En lo que llevamos de 2014 hay más de 1700 causas y más de 500 imputados. Lo cual lleva a una conclusión evidente: El que entra en política es para lucrarse. Y si no es así ¿por qué siguen funcionando instituciones como las diputaciones provinciales o el Senado cuando todos sabemos que son innecesarias?

Es curioso que alguno piense que la forma de solucionar un caso de corrupción es pidiendo perdón en Las Cortes. No. Mientras estos políticos piden perdón y a la vez rescatan con dinero público lo dilapidado por sus amiguetes en las cajas de ahorro, la gente ha perdido su empleo, o les han embargado sus casas. Otros han padecido los recortes en educación, o en sanidad, o en servicios sociales... El pueblo no quiere que le pidan perdón. Estamos cansados de dirigentes a los que no les constan esas pequeñas cosas a las que usted se refiere. Lo que la sociedad exige es que los chorizos devuelvan el dinero robado y con intereses, que dimitan y que vayan a la cárcel. Y si no se devuelven el dinero que se los embargue y se los mantenga en prisión hasta que hayan repuesto hasta el último céntimo. No queremos gentuza. No queremos que estos sinvergüenzas sigan lucrándose a nuestra costa... ¿Se imaginan poder condenar al ostracismo a toda estos indeseables?

Piensen.
Sean buenos.

La canción regalo de hoy no puede ser otra. Una canción carcelaria, en recuerdo de todos estos golfos: Jailhouse Rock del Rey. Con todos ustedes: ¡Elvis!



1 comentario:

  1. En algunos países hay un mecanismo similar a la condena al ostracismo, se llama "revocación". Te recomiendo la lectura de esta entrada de mi blog: http://jumilla-amalgama.blogspot.com.es/2014/11/urnas-funebres-democracia-en-suspenso.html

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