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domingo, 8 de octubre de 2017

Karoshi

Miwa Sado, una reportera japonesa de 31 años, falleció en 2013. Apareció muerta en su cama con el teléfono móvil en la mano. A priori, la causa de la muerte parecía un infarto. Un año después, la inspección de trabajo dictaminó que lo que realmente provocó la muerte de la periodista fue exceso de trabajo, o lo que los japoneses llaman Karoshi. Sado acumuló más de 159 horas extra en ese mes, con solo dos días de descanso. Se da la situación de que la periodista trabajaba para la cadena pública NHK. El caso sale a la luz ahora, cuatro años más tarde, tras las presiones de su familia que quieren evitar que casos como el de su hija se repitan. No fue un hecho aislado. Según reconoce el propio Ministerio de Trabajo japonés, más de 2100 personas se suicidaron en Japón por causas laborales —675 por cansancio—.
Esto ha ocurrido en Japón, aunque también es frecuente en Estados Unidos, México y el sudeste asiático... Suelen ser muertes de cuello blanco. Es decir, no relacionadas con trabajos que requieran un enorme esfuerzo físico. Las más afectadas son las empresas de servicios, medios de comunicación, hospitales, y empresas de animación y videojuegos. Es importante señalar que para que un tribunal dictamine que la causa de la muerte es karoshi el trabajador debe acumular más de 100 horas extra en el mes previo a la muerte. Por supuesto están excluidos los accidentes laborales por causa de fatiga.

Es evidente que las horas extra deberían existir únicamente en caso de urgencia o de extrema necesidad de la empresa, y siempre bajo un férreo control, para evitar abusos como el que nos ocupa. Hoy por hoy, se han convertido en la forma de esclavitud de occidente. ¿Quién no ha hecho horas extra abusivas hoy en día? Y todo esto es desde que decidimos que el trabajo es nuestro nuevo dios. Trabajar es bueno, y necesario. ¿Qué duda cabe? Deberíamos trabajar para vivir, no vivir para trabajar. El problema surge cuando en aras de este dios sacrificamos nuestra vida, perdiendo nuestra familia, nuestros hijos, nuestros amigos... ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Quién nos ha engañado para decirnos que el trabajo es lo que nos da la vida?

Piensen.
Sean buenos.

Doña @RaquelMtnez_tv nos propone hoy Under pressure. Bajo presión. Es el terror de saber cómo es este mundo, viendo a algunos buenos amigos gritando déjame salir, reza mañana, llévame más alto, presión sobre la gente, la gente de la calle. Con todos ustedes: ¡Queen y David Bowie!
https://www.youtube.com/watch?v=a01QQZyl-_I

domingo, 19 de abril de 2015

Obligados al éxito

Supongo que la mayoría de ustedes conocen la historia del León come gamba. Por si hay algún despistado, permítanme recordarles los hechos. En el concurso de Televisión Española (TVE) Masterchef, un participante presentó el citado plato al jurado. Éste valoró que el plato en cuestión era una burla, una mofa al concurso y así se lo hicieron saber al joven. El resultado fue su inmediata expulsión. Hay quien opina que el jurado fue excesivamente duro con él en su veredicto. De hecho, tras la expulsión el concursante rompió a llorar como una Magdalena. He leído muchas críticas al programa, a los cocineros y a TVE por la falta de misericordia con el concursante. Les dejo aquí el vídeo.


El concursante se presentó a una selección con más de 15 000 aspirantes. Sabía donde iba, o al menos debería saberlo. Es un hombre de 18 años que está estudiando medicina. Y lo más importante iba a participar en un concurso de televisión, por tanto es consciente de que está participando de un espectáculo. La tele, por más que le pese a algunos, no es la vida real.  Ya sabemos que el que se expone al veredicto del público, debe venir llorado de casa. Otra cosa sería un error mayúsculo. A esa edad uno ya puede votar, por tanto, también puede recibir críticas. Y si un maestro le reprende, lo que debe hacer uno es ser humilde y aceptarlo.

La clave quizá es que en esta sociedad está prohibido fracasar. Todos estamos obligados al éxito. Así se lo estamos enseñando a nuestros hijos diariamente. Si no me cree vaya a cualquier partido de fútbol de niños. Todos los padres piensan que sus hijos son unos Cristiano Ronaldo, unos Messi, e incluso unos Munitis en potencia y que si no triunfan más es porque hay unos factores externos que se lo impiden: entrenador, árbitro... Y como este ejemplo, infinitos. Ponga usted el que más se acerque a su realidad. Esto provoca una tolerancia al fracaso mínima. Estamos haciendo unos auténticos memos a nuestros hijos. Dejemos de pintarles la vida de color de rosa y enseñémosle lo que es el esfuerzo. Si no, el día de mañana, cuando se encuentren ante cualquier dificultad se rendirán. Cuanto más alto más dura será la caída.

Piensen.
Sean buenos.

He de reconocer que al escribir este artículo había pensado incluir la canción de U2 The Fly. Habla de televisión, éxito y fracaso, pero mi buena amiga @MarisolGaldon me propuso una canción que va que ni pintada para hoy: Fame. Con todos ustedes: ¡David Bowie!
https://www.youtube.com/watch?v=9F5oHze6pLg