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domingo, 4 de febrero de 2018

Ladrones de almas

Debido a la alerta por tormentas emitido por la Dirección General de Seguridad y Emergencias de la Consejería de Política Territorial, Sostenibilidad y Seguridad del Gobierno de Canarias —caramba con el nombrecito—, el Parlamento de Canarias decidió suspender, entre otras medidas, un Pleno Extraordinario. También se recomendaba no subir a las cumbres, respetar los cortes de las carreteras, no hacer ejercicio al aire libre... Es lo normal. Debe imperar la seguridad de todos. Lo que no es tan normal es que mientras sus señorías están en su casa calentitos, no se hayan suspendido, por ejemplo, las clases de los centros escolares. Es evidente que hay que salvaguardar la integridad de unos antes que la de otros. Ya sabemos quiénes son los importantes y quiénes no.
Los representantes de los ciudadanos decidieron que ellos no podían trabajar porque era peligroso, pero permitieron que el populacho sí lo hiciera, aún a riesgo de poner en peligro su integridad. Es de chiste. Imagino que en los países escandinavos no se trabajará de septiembre a mayo por el frío. O en otras latitudes por el calor. ¿Se imaginan que dentro de un tiempo deciden suspender un pleno porque hay un partido de fútbol? O sencillamente, porque no les agrada el menú del día en la cafetería del Parlamento. Cafetería, por supuesto, subvencionada. No tiene sentido. Pero esto es lo que hemos creado. Una casta (¿o era caspa?) especial, que vive de manera fantástica prometiendo a millones de incautos que van a solucionar todos sus problemas y sus quebraderos de cabeza, y asegurando que solo ellos son los buenos. Por supuesto, los otros son malos. Y como somos un país de idiotas, los creemos. Y lo que es peor, los justificamos cuando cometen desmanes. No sea que lleguen los otros, los malos.

Esta gentuza ya ha demostrado que su único interés en política es lucrarse y vivir del cuento. Son unos impresentables. Al igual que aquellos que siguen cobrando dietas de alojamiento y tienen viviendas en la localidad. O los que se suben el sueldo mientras claman austeridad. O los que cobran mordidas por adjudicar obras. O los que terminan sus carreras políticas en el Senado, cuando ya sabemos todos que es una institución para agradecer viejos servicios prestados, pero sin ninguna función. O peor aún, los que son enchufados en consejos de administración de empresas estratégicas... Los ejemplos se cuentan por miríadas. Pero no hacemos nada. Hay quienes se creen muy comprometidos con la lucha y escriben un tuit, pensando que ya han solucionado el problema y aliviado su conciencia. Luego, debemos mendigar nuestras migajas. Que son nuestros derechos. Y en el fondo es eso, suplicar que nos den nuestros derechos. Nos han robado hasta el alma y aún seguimos sonriendo. 

Piensen.
Sean buenos.

La canción regalo de hoy es Elevation. Si pueden, escúchenla a un volumen alto, muy alto. Quizá sea mi pataleta por no haber podido conseguir entradas para su concierto. Si hay algún alma caritativa entre los presentes, por favor, que se ponga en contacto conmigo. Con todos ustedes: ¡U2!
https://www.youtube.com/watch?v=19KstSgU-c0

domingo, 3 de abril de 2016

¿Libertad o Seguridad?

Quien tiene la información tiene además el poder. Es algo implícito. Quien sabe algo, lo domina. Quien supo encender fuego, dominó la tierra; quien supo mover poleas, dominó la construcción; quien supo fabricar un teléfono inteligente, dominó el mercado de las telecomunicaciones. Ningún país en su sano juicio atacaría a su enemigo si supiera que el rival le gana en número y en armamento. Lo saben bien todas las empresas. Antes de lanzar cualquier producto realizan un estudio de mercado para conocer si su producto tendrá éxito o no.  La información pues no es gratis. Vale muchísimo. Se compra y se vende. Incluso ha habido gente que ha pagado con la muerte no dar información al enemigo, pero eso es otra historia...

Pero eso fue hace mucho tiempo. Actualmente, hemos decidido vender nuestra información personal a cambio de nada. Es decir, la regalamos. Son muchas las empresas a quienes, por el sorteo de un iPad, o cualquier otra memez, regalamos nuestros datos. Por no hablar de los colosos informáticos: Facebook, Apple, Google, Amazon y Microsoft. A estos, no solo los regalamos nuestros datos, sino nuestras fotos, nuestra vida privada, e incluso el número de nuestra tarjeta de crédito. Es cómico ver como Apple se niega a desencriptar el teléfono de un supuesto terrorista ante la admiración del populacho. ¿De verdad nadie se ha dado cuenta de que es una mera estrategia comercial? Me niego a creerlo.

Luego, exigimos a Papá Estado que nos protejan de los malos. Los malos, los enemigos, son variados: Yihadistas o ladrones informáticos, tanto da. Evidentemente, para luchar contra estos enemigos hay que pagar un peaje. Hay que elegir entre libertad y seguridad. Así, debemos ceder al chantaje que nos proponen nuestros gobernantes. Es una pregunta trampa. No existe libertad absoluta, sin embargo, sí existe control absoluto. Lo más curioso es que ya han decidido por nosotros. Con la excusa de prevenir atentados, nos vigilan e invaden nuestra intimidad. A cambio, ¿qué recibimos? Nada. Todos nuestros datos están en poder de las multinacionales, pero dudo de que usted se sienta hoy más seguro que hace una década.

Piensen.
Sean buenos.

Permítanme regalarles hoy la canción Ultra violeta (light my way). Entierras tu tesoro donde no puede ser encontrado, pero tu amor es un secreto que ha sido divulgado. Gran canción, para mí de las mejores del Achtung Baby. Mi disco favorito. No es poca cosa. Les regalo la versión en directo. Es sencillamente brutal. Con todos ustedes: ¡U2!
https://www.youtube.com/watch?v=TUD4CQT33w4