Y no "Con la Iglesia hemos topado" como creen algunos erróneamente. La frase original la pronuncia don Quijote, cuando entrando junto a Sancho en El Toboso buscando a Dulcinea, una noche oscura, se toparon con un edificio. Creyó en un principio que se trataba del alcázar donde estaba su amada, pero al ver la torre, don Quijote reconoció que era la iglesia del pueblo y dijo la frase en cuestión. (Don Quijote, Segunda parte, capítulo IX). He oído multitud de veces la dichosa frasecita estos días en relación con el juicio a Javier Krahe por la realización de un vídeo titulado "Cómo cocinar un Cristo para dos personas". El Centro Jurídico Tomás Moro opina que ofende los sentimientos de una confesión religiosa, en este caso, al cristianismo, por lo que ha presentado una demanda.
El cantautor Javier Krahe está siendo juzgado por haber cometido, presuntamente, un delito contra los sentimientos religiosos (art. 525 del Código Penal). Yo confieso que no he visto el vídeo en cuestión, pero solo el título no invita a pensar que se respetan las creencias del cristianismo. El resultado sería el mismo si hubiera hecho escarnio de cualquier otra religión: ¿O alguien piensa que habría diferencia si hubiera cocinado a Buda, Mahoma, Shivá...? Yo creo que no. También es importante señalar que no lo está juzgando la Conferencia Episcopal Española ni mucho menos la Santa Inquisición, como nos quieren hacer creer algunos, alegando un poder eclesiástico alargado, sino un juzgado que ha admitido a trámite la demanda.
Estoy convencido de que el señor Krahe grabó ese vídeo como mero divertimento, sin intención de exhibirlo. En resumen, que fue una chiquillada y quizá el máximo responsable es quien lo emitió por televisión, pero no olvidemos que la libertad de expresión termina donde empieza el respeto al otro. ¿Qué hubiera pasado si yo hubiera creado un vídeo titulado "Cómo cocinar a un niño de cinco años"? ¿Y si hubiera creado un vídeo sobre cómo cocinar a una mujer? ¿O a un sindicalista? ¿Y si quisiera cocinar a un homosexual? Seguramente alguien —el Defensor del Menor, el Instituto de la Mujer, el sindicato en cuestión, el colectivo homosexual, o cualquier persona— se hubiera sentido ofendido o habría considerado que lo que estoy haciendo es constitutivo de delito y me habría denunciado. Y sería lo normal, ¿o no?
Piensen.
El cantautor Javier Krahe está siendo juzgado por haber cometido, presuntamente, un delito contra los sentimientos religiosos (art. 525 del Código Penal). Yo confieso que no he visto el vídeo en cuestión, pero solo el título no invita a pensar que se respetan las creencias del cristianismo. El resultado sería el mismo si hubiera hecho escarnio de cualquier otra religión: ¿O alguien piensa que habría diferencia si hubiera cocinado a Buda, Mahoma, Shivá...? Yo creo que no. También es importante señalar que no lo está juzgando la Conferencia Episcopal Española ni mucho menos la Santa Inquisición, como nos quieren hacer creer algunos, alegando un poder eclesiástico alargado, sino un juzgado que ha admitido a trámite la demanda.
Estoy convencido de que el señor Krahe grabó ese vídeo como mero divertimento, sin intención de exhibirlo. En resumen, que fue una chiquillada y quizá el máximo responsable es quien lo emitió por televisión, pero no olvidemos que la libertad de expresión termina donde empieza el respeto al otro. ¿Qué hubiera pasado si yo hubiera creado un vídeo titulado "Cómo cocinar a un niño de cinco años"? ¿Y si hubiera creado un vídeo sobre cómo cocinar a una mujer? ¿O a un sindicalista? ¿Y si quisiera cocinar a un homosexual? Seguramente alguien —el Defensor del Menor, el Instituto de la Mujer, el sindicato en cuestión, el colectivo homosexual, o cualquier persona— se hubiera sentido ofendido o habría considerado que lo que estoy haciendo es constitutivo de delito y me habría denunciado. Y sería lo normal, ¿o no?
Piensen.
Sean buenos.