Aprovechando que el próximo sábado prácticamente se decide en el Camp Nou el título de campeón de Liga entre el Real Madrid y el Barcelona, quiero hablar hoy de dos formas de ver el fútbol. De los entrenadores de ambos equipos. Por un lado, Josep Guardiola, y por otro José Mourinho, entrenadores del F.C. Barcelona y del Real Madrid respectivamente (esto lo digo más por don Pablo, experto en física cuántica, pero que no distingue entre el fútbol y la Fórmula 1). Los dos son magníficos entrenadores, quizá los mejores del mundo, pero desde mi punto de vista, ambos tienen un grave problema.
Empezaré por Mourinho, que es el líder de Primera División. Es un maleducado. Dice lo que piensa sin importarle las formas. Suele dar respuestas chulescas a las preguntas que le plantean y su comportamiento es siempre puesto en entredicho por el público. Solo gusta entre los forofos madridistas que le jalean en el Bernabéu como el gurú del fútbol. En el otro lado de la moneda, está el entrenador del Barcelona, Josep Guardiola, que es un cínico. Nunca dice lo que piensa, pero lo dice de una forma muy educada y elegante que gusta y agrada por igual. Es admirado por muchos periodistas y por el público en general.
Como seguidor del Racing de Santander, creo que puedo ser bastante objetivo en este aspecto. Opino que ambos comportamientos son reprobables, pero si tuviera que elegir, elegiría a Mourinho. Sé que es un soberbio y un prepotente, pero por lo menos dice lo piensa. En la actualidad, creo que ha modificado su actitud dando paso al segundo entrenador, Aitor Karanka, para evitar perjudicar a su equipo. El señor Guardiola, por su parte, sigue fiel a su cinismo llegando incluso a asegurar que es imposible ganar la Liga. Es incomprensible que un entrenador de un equipo grande tire la toalla y no luche hasta el final. Sin ir más lejos, el Real Madrid despidió a un entrenador, Schuster, al afirmar que era imposible ganar al Barça. Guardiola sigue con esa imagen del "falso humilde", aunque eso sí, muy educado. A mí por lo menos no me engaña. ¿Y a usted?
Piensen.
Sean buenos.
